Pastoral de la Acción Social
1. La atención pastoral a los excluidos
La atención integral a los excluidos supone también la atención espiritual. La espiritualidad no es “un lujo de los bien situados”. Es una dimensión propia de la persona. De toda persona. Esta es la convicción de la que partimos.
a.- Por eso el primer paso en la atención de este ámbito es tomar conciencia de la necesidad de espiritualidad. Saber escuchar la demanda tantas veces implícita y hasta distorsionada. Nos encontramos en un espacio personal que –por hondo y esencial- a menudo cuesta reconocer y expresar. Y deberemos facilitar su toma de conciencia y su expresión.
b.- Un segundo paso es descubrir el campo de la vida espiritual como lugar de encuentro. Como posibilidad de compartir personalmente a diferentes niveles. Es un espacio de igualdad más allá de las diferencias actuales (Sobrevenidas por historia personal, social, itinerarios... ponderables e imponderables...) Se trata de reconocer el carácter sagrado de la dignidad humana. Y aquí radica la fundamental igualdad. La inalienable dignidad de ser Hijos de Dios. Es esto lo que nos hace iguales. Lo que nos permite relacionarnos y compartir en tú a tú sincero y auténtico. Ahí no hay líneas que separan categorías de personas. Todos somos iguales. Todos somos igualmente Hijos de Dios.
c.- Asimismo es importante postular y reconocer la dimensión abierta de la espiritualidad. Dimensión que sobrepasa, superándolo, el ámbito de lo religioso y las religiones. El objeto de la atención espiritual va dirigido al fondo esencial y constitutivo de la persona. Ese fondo puede –o no- vehicularse, expresarse y construirse con elementos (simbología, lenguaje, creencia...) religiosos. La atención espiritual incluye pero no se agota en la atención religiosa.
1.1. Actitudes evangelizadoras
Partimos de una concepción de evangelización como la posibilidad de transmitir al otro que Dios le ama. Es amado por el Dios de Jesús. Su vida es valiosa y valorada por Él. Cuenta, a sus ojos. Cuenta tanto, como que ha sido rescatada (del poder del mal, del sin-sentido y de la muerte) por la vida entregada de Jesús. Está llamado a vivir una vida plenamente humana. Ha sido liberado del poder de lo inhumano.
Las actitudes que siguen arrancan de la misión de humanizar que descubrimos en Jesús de Nazaret. Desde esta convicción experimentada, pensamos en las siguientes actitudes básicas :
- La acogida respetuosa
- La concepción de toda persona como capaz de Dios
- La apuesta permanente por integrar al excluido en la comunidad
- Comprender
1.2. Gestos evangelizadores
Los gestos evangelizadores, vistos en su conjunto, suponen una buena pedagogía para aproximarse al Misterio y a lo que la vida tiene de Misterio. Avanzar en el reconocimiento de Dios como Misterio del mundo. A su vez, esos mismos gestos, expresan y aproximan algo de ese Misterio. Estos gestos requieren generosidad en el uso del tiempo, en la apuesta por aquello a primera vista ineficaz y gratuito. Estan hechos de:
- Cercanía y proximidad
- Esfuerzo de comprensión
- Diálogo y escucha
- Reconocimiento de la interioridad
- Acompañamiento paciente
- Confianza
1.3. Acciones pastorales
Cada Centro, Comunidad y Servicio ha de adecuar las acciones pastorales concretas a las características propias de la población a la que atiende, los momentos vitales, las predisposiciones y las necesidades de los acogidos. La realidad y la necesidad son dos principios que hay que tener permanentemente en cuenta. Distinguimos:
- Acciones de acompañamiento, diálogo, escucha
- Acciones formativas y de profundización
- Acciones celebrativas
- Acciones que faciliten la capacidad de donación, entrega, compartir
- Búsqueda y creación de nuevos lenguajes de expresión
- Acciones de diálogo inter- religioso
- Acciones informativas, de denuncia y anuncio. De crítica y propuesta
2. Equipo de Pastoral
La dimensión espiritual, según lo que venimos diciendo, es muy importante en todo ser humano y con frecuencia suele estar alterada en las personas a las que nos estamos refiriendo. Por ello creemos que nuestros Centros la han de atender y cuidar con mucho interés, para lo cual se debe integrar en la dinámica asistencial y social del Centro, velando por detectar las necesidades espirituales de las personas atendidas y ofertando los servicios necesarios para su adecuada atención.
Cada Centro ha de proveer los recursos humanos y materiales necesarios, elaborando su plan de atención espiritual de acuerdo a los criterios que hemos ido indicando y a su realidad concreta. Aunque todos los Hermanos y Colaboradores intervienen diariamente en la atención espiritual con su trabajo bien hecho, con sus actitudes evangélicas, con sus palabras y con sus gestos acogedores, es conveniente que exista una persona responsable de la atención espiritual y religiosa en el Centro y a ser posible un Equipo de Pastoral o un Consejo de Pastoral que le ayude en su labor pastoral, cuya función es asesorar y colaborar con el Responsable en la elaboración y puesta en marcha del plan de atención espiritual y religiosa del Centro.









