DECÁLOGO DEL VOLUNTARIADO
DE SAN JUAN DE DIOS
1
Buscamos la práctica de la receptividad, entendida como elejercicio de dejarse llenar por el otro. Más que al activismo, nuestro voluntariado está llamado a dejar que el otro ocupe su lugar, tenga su tiempo, tome la palabra, su palabra, como palabra o a veces silencio que transmite un mensaje único e irrepetible. Por ello, la capacidad de escucha y de saber estar será una práctica intrínseca al ejercicio de la hospitalidad.
2
Quien está pendiente del otro anticipa necesidades. La acción voluntaria ha de ser un observatorio permanente de la realidad para detectar en ella nuevas necesidades sociales, nuevas pobrezas, nuevos lugares de marginación, nuevas posibilidades de intervención y de presencia, así como anticipar nuevas formas de organizar al propio voluntariado en la vida y estructuras de los Centros.
3
La hospitalidad no discrimina ni hace favoritismos. Por ello, el voluntariado hospitalario ha de representar la superación de todo tipo de prejuicio y estereotipocultural, social, religioso o político. En el seno de una sociedad excluyente y que alimenta la discriminación hacia determinados colectivos, la hospitalidad del voluntariado se torna en atención universal y personalizada, al mismo tiempo.
4
La hospitalidad es una expresión de amor gratuito. El desinterés, tan propio de voluntariado, ha de crecer y alimentarse en el voluntariado hospitalario.El huésped ocupa el lugar central de la acción voluntaria; una hospitalidad calculadora no es hospitalidad. Se acoge al otro porque sí, por el hecho de ser persona, portadora de una eminente dignidad, por encima de cualquier otra circunstancia.
5
La única propuesta irrenunciable es la centralidad de la persona del enfermo/necesitado, así como el respeto hacia los profesionales y el resto decompañeros voluntarios. Esta centralidad hace de la hospitalidad el acto y la decisión a partir del cual realizamos una inclusión radical del huésped en nuestro círculo de intereses, protegiéndole y cuidándole de cara a las necesidades que se le presenten.
6
El voluntariado de San Juan de Dios, valora y respetalos diferentes ideologías y creencias. El límite a dicho respeto se sitúa en el de los derechos humanos y en el de la defensa de su identidad institucional. Se fundamenta en los valores del evangelio y en la forma como Juan de Dios ha vivido su dedicación a los pobres, enfermos y necesitados. Tiene un talante abiertoen donde ha de evitar tanto el proselitismo ideológico y religioso como la falta de respeto a quienes se manifiestan abiertos en su vida a la trascendencia.
7
El valor de la hospitalidad nos lleva a cuidar una especial sensibilidad para detectar y atender a aquellas personas más vulnerables, más deterioradas, más incapaces. Son los últimos y los olvidados de nuestra cultura de la satisfacción los que ocupan un lugar preferente en nuestra acción voluntaria.
8
Somos conscientes que en nuestra misión aportaremos tanto o más desde lo que somos que desde lo que hagamos. De ahí que adquiramos un serio compromiso en nuestro crecimiento humano, en nuestra madurez psicológica, en la calidad de nuestras relaciones y en la profundidad espiritual capaz de ejercer la hospitalidad en sus niveles más profundos.
9
El campo de la enfermedad y el de la exclusión social es demasiado extenso y nos excede. Desde la hospitalidad, este voluntariado trabaja y se coordina con otros voluntariados y organizaciones solidarias que existen en cada uno de los territorios concretos, haciendo de las redes de solidaridad verdaderas plataformas de encuentro y de trabajo en común, generando de esta manera una verdadera identidad solidaria de la que todos nos sentimos igualmente partícipes.
10
Somos llamados a aportar un “valor añadido” en la atención. A la prestación cualificada de los profesionales –a quienes no sustituimos- añadimos un campo de nuevas posibilidades mediante las que profundizamos en la asistencia integral en el desarrollo de aquellos aspectos más humanos y relacionales de la persona.









